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COSTA DE HOMBRES: La gestión cotidiana en el Estado
23/05/06
El Estado moderno resulta de un complejo proceso histórico-estructural. Su crisis, en consecuencia, sólo se entiende en el marco de un movimiento de esta naturaleza (histórica y estructural). En Europa, según plantea Pierre Rosanvallon (“La Nueva Cuestión Social: repensar el Estado Providencia”), la crisis del Estado de Bienestar (Welfare State) cursó tres etapas sucesivas :

“La crisis financiera se desencadenó en los años setenta ... a partir de ese periodo los gastos sociales, y en especial los de salud, siguieron creciendo a los ritmos anteriores de 7 a 8% por año, mientras que los ingresos sólo aumentaban de 1 a 3%, ajustados como lo estaban a un crecimiento que se hizo más lento desde 1974 ... La crisis ideológica marca sobre todo los años ochenta. Traduce la sospecha bajo la que se encontraba entonces el Estado empresario en cuanto al manejo eficaz de los problemas sociales. Corresponde a la puesta en tela de juicio de una maquinaria cada vez más opaca y burocrática, que enturbia la percepción de las finalidades y entraña una crisis de legitimidad. Estas dos dimensiones subsisten hoy en día ... Pero no deben enmascarar el hecho verdaderamente importante del período actual : está comenzando una tercera crisis del Estado Providencia, de orden filosófico. ... Aparecen dos problemas mayores : la desintegración de los principios organizadores de la solidaridad y el fracaso de la concepción tradicional de los derechos sociales para ofrecer un marco satisfactorio en el cual pensar la situación de los excluídos”.

El esquema que Rosanvallon propone podría -quizás- constituirse en instrumento válido para analizar algunos rasgos del proceso argentino. Pero lo que el cientista presenta como etapa ‘financiera’ -para el Caso Europa- coincide mayormente con los rasgos propios de nuestros años ‘80, en tanto que el segmento denominado ‘ideológico’ pareciera un símil de nuestros años ‘90. Restaría aún germinar el momento ‘filosófico’ del movimiento de crisis en el Caso Argentina. Pero aún así, lo cierto es que el advenimiento de una nueva cuestión social se traduce en una inadaptación de los viejos métodos de gestión de lo social. En cuanto ‘cuestión de Estado’ -en tanto problema político y científico- pareciera ser este el nudo central de la cuestión social.

Su resolución exige la adopción de medidas de ‘Alta Política’. Como constante histórica de este siglo -salvo honrosas excepciones- ‘lo social’ ha sido vagamente tratado, delegado dentro del modelo conocido técnicamente como de ‘política residual’ a cualquier político advenido Funcionario del Estado, sin mayor rigor filosófico, científico ni metodológico para los abordajes. La complejidad del escenario actual y futuro exige de quienes se decidan tanto a ‘pensar lo social’ como a actuar sobre ello una particular constricción al estudio del problema desde una perspectiva científica y a la acción fundada en la razón (integralmente entendida). No bastan las conductas lacrimógenas, ni las ‘puestas en escena’ tan propias de estos tiempos, ni las basadas en estrategias de construcción de poder político desde el ‘dominio territorial’ (unidades básicas, comités, etc.) ni mucho menos las estrategias de construcción de poder político basadas en estrategias mass-mediáticas (televisión, radio, diarios, etc.) : sin una profunda formación científica (que incluye lo político) en lo social, ambas estrategias -territorial y mediática- se basan esencialmente en el clientelismo político. Unas, con centro en necesidades básicas -según la escala de Maslow-; otras, con centro en otro tipo de necesidades de racionalización-justificación ideológica de sectores sociales medios.

No son pocos, desgraciadamente, los grupos dirigentes o con aspiraciones de tal naturaleza que exhiben implícitamente su impotencia en tal orden : cotidianamente pueden detectarse declamaciones ‘anti-asistencialistas’ (desde el poder o desde el llano) tras las cuales se descubren acciones -en el terreno o discursivas- que no se despegan del asistencialismo : ello denuncia el verdadero potencial de acción transformadora del dirigente futuro o actual.

Deben defenderse y fomentarse las acciones que las organizaciones de la sociedad civil impulsan pues el denominado “Tercer Sector” está destinado a fortalecer crecientemente su protagonismo. Pero no es posible pasar por alto el mero ‘saber vulgar’ que suele orientar el accionar de quienes ejercen o pretenden ejercer roles desde el Estado. Esto debe ser revertido. Urge, no admite demoras. El ‘espacio público’ supone responsabilidades muy diferentes a las propias del ‘espacio comunitario’. Los Partidos Políticos deben asumir la responsabilidad de preparar científicamente a sus cuadros para la gestión de lo social. Y no vale aquí la acusación excusatoria de ‘allá ellos, los tecnocráticos’. La ‘política’ se eleva por encima de la técnica pero la involucra necesariamente en una síntesis superadora.

No queda lugar en Argentina -ni en Santa Fe- para dirigentes afectados por el ‘Complejo de Vikingo’, que creen descubrir lo que ya estaba descubierto. Existen ‘modelos’ de políticas sociales perfectamente identificados. Ejemplificando pueden mencionarse el “Modelo Residual”, el “Modelo basado en el logro Personal-Resultado Laboral”, el “Modelo Institucional Redistributivo”, el “Modelo Liberal-Reaccionario”, el “Modelo Liberal-Equilibrador”, el “Modelo Socialista”, el “Modelo Alternativo”, el “Modelo Liberal-Tecnocrático”, el “Modelo Reformista”, el “Modelo Neomarxista”, el “Modelo Corporativista”, el “Modelo Estatista”, etc., etc. Los distintos programas y proyectos no resultan de meras ‘ocurrencias’ sino de procesos históricos, de legitimación de algunos aspectos y destrucción de otros en función de relaciones de fuerzas efectivamente actuantes.

Los modelos suponen experiencias ya existentes, teorías validadas, éxitos y fracasos, pronósticos posibles, estudios comparativos ya disponibles, etc., etc. Actuar sobre lo social exige conocer, investigar, diagnosticar, planificar, evaluar, corregir. No puede abordarse la cuestión, a las puertas del Siglo XXI, con los mismo criterios operativos que en los albores de la Revolución Industrial : Es la única vía posible para generar, en nuestra realidad, un paradigma viable.

Titmuss, Estivill, Rodríguez Cabrero, Hayek, Friedman, Galbraith, Marshall, Gough, O’Connor, Taylor-Booby, Offe, Cohen, Martínez Nogueira, Barbeito, Lo Vuolo, López Hidalgo, Rosanvallon, Van Parijs, Isuani, Tenti Fanfani, La Serna, Carrizo, Touraine, Requena Santos, Dabas, Festinger, Katz, Cartwrigth, Zander, Villarreal, Feijoo, Bartolome, Thompson, Suárez, Diéguez, Arensberg, etc., son sólo algunos de los cientistas cuyos estudios se consideran insoslayables toda vez que el Funcionario con responsabilidades políticas o técnicas pretenda abocarse a ‘lo social’. El desarrollo teórico y práctico en este terreno ha sido notablemente intensivo en este siglo.

Al Estado y sus Funcionarios -actuales o potenciales- corresponde identificar la esencia de la cuestión social en cuanto cosa pública. Esto está lejos, lejísimos, de toda campaña de recolección de donaciones, de meros pedidos de colaboración, de intervenciones en pro de acelerar gestiones para conseguir beneficios, etc. También está lejos de respuestas pseudo-transformadoras altamente estereotipadas : un microemprendimiento por aquí -planteado ‘a secas’-, ‘talleres’ por allá, reuniones un poco más acá, etc. Tales acciones resultan humanamente loables pero un Estado Inteligente exige otra clase de Funcionarios y de Candidatos a Funcionarios (sean del Poder que sean). Y también exige otro accionar : orgánico y sistemático.

Todo esto es así porque aún sumergida en los ‘ruidos’ de un estómago vacío o en el tiritar de un cuerpo sin abrigo, aún allí, existe una Persona Humana que no merece ni una lágrima fácil ni un intencionado comentario televisivo. Merece, a cambio, una profesional y laboriosa solución a su problema.
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